Educar en el arte a los alumnos equivale a despertar su sensibilidad, su aprecio por los detalles, por las cosas cotidianas y sencillas, por los colores y las formas, por los seres vivos, por sus características, fortalezas y virtudes. Hacer arte ya sea en la música, en la pintura, en la danza, en el teatro, en el cine o en la escritura, permite descubrir a partir de la exploración el mundo que nos rodea.

La curiosidad innata y la creatividad, se desarrollan y se potencializan cuando se permite a un niño experimentar sonidos, formas, luces, sombras, movimientos, colores, etc., a través de sus sentidos y de su cuerpo. Con el ejercicio diario de buscar, descubrir, comprender y asimilar, el cerebro del pequeño fortalece sus conexiones neuronales, crea nuevas y permite la flexibilidad creadora manteniendo y conservando la atención en objetos diversos y poniendo al servicio de lo creado el talento natural en el que se involucra a todos los sentidos.

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